Ruta Natural

Reserva Natural el Regajal

La finca de El Regajal desde siempre ha tenido una gran importancia histórica como foco de estudios entomológicos. Desde 1848 El Regajal es conocido por las personalidades más sobresalientes dedicadas a la entomología, tanto en España como en Europa. Esta reserva abarca una superficie de 635 hectáreas y ofrece, a pesar de su pequeña extensión, un variado mosaico de ecosistemas cuya riqueza y diversidad biológica hacen de este espacio uno de los más valiosos de la Comunidad de Madrid.

La configuración compleja del relieve y las peculiares características edáficas y climáticas del territorio han favorecido la presencia de comunidades botánicas y faunísticas de extraordinario interés. Destaca sin duda la diversidad y riqueza de lepidópteros -mariposas y polillas- presentes en la Reserva, que hace de este espacio una de las prioridades mundiales para la conservación de este grupo animal.

Si bien menos conocidos, otros elementos concretos del ecosistema como la flora asociada a los cortados yesíferos, o la avifauna que halla refugio en el Mar de Ontígola, han sido destacados como claves para la conservación de la biodiversidad madrileña y española.

Mar de Ontígola

En el S. XVI Felipe II desea ampliar la balsa que desde el siglo anterior recogía las aguas del arroyo de Ontígola: el nuevo embalse debía atender las huertas y jardines que embellecían el Real Sitio, y proporcionar además un lugar de caza y recreo a la corte. La construcción de la presa se termina en 1572 y constituye uno de los mayores logros de la ingeniería de la época. Durante los siglos siguientes, Austrias y Borbones entretienen su tiempo de ocio celebrando en la laguna extravagantes cacerías e incluso corridas de toros.

En la actualidad, este humedal está protegido dentro de la reserva natural e incluido en el catálogo de Embalses y zonas Húmedas de la Comunidad de Madrid (ley 7/1990) y es de gran importancia para la vida silvestre, pues de él dependen un importante número de especies que encuentran aquí un hábitat idóneo para su supervivencia. La vegetación palustre, en la que predominan los carrizos, tarayes, juncos y espadañas, alberga una gran variedad de pequeños invertebrados, reptiles, anfibios, mamíferos y aves que dependen estrechamente de este humedal, habiendo del Mar de Ontígola un ecosistema rico y productivo.

Uno de sus principales motivos para su protección, al igual que otras muchas zonas húmedas de la península ibérica, reside en su carácter de refugio para un gran número de especies de aves, que haya en este tipo de ecosistemas, bien un hábitat permanente o una acogedora estación en sus rutas migratorias. La facilidad para observar aves hace que este sea el principal aliciente para visitar la laguna, ya que es fácil avistar en vuelo el aguilucho lagunero y ver chapotear a multitud de patos y especies afines como el azulón, el porrón común y moñudo, el pato cuchara, la focha común o el sormomujo. Otras especies como el avetoro, el martinete, el avetorillo o la garza real son más difíciles de sorprender.

Sotos Históricos

Los Sotos Históricos constituyen uno de los ecosistemas más complejos y valiosos de Aranjuez por su capacidad para albergar una gran variedad de especies vegetales y animales. En estos se empezaron a trazar paseos hacia 1553, y han llegado a nuestros días más de 30 Km., que albergan once especies de árboles distintas en sus alineaciones. La trama geométrica de Paseos tenía múltiples funciones: separar terrenos de cultivo, ofrecer bellas perspectivas, hacer frescos y amenos los paseos de los cortesanos, servir de acceso a determinadas zonas, producir madera, …

 

El origen de los trazados y entramados se remontan al siglo XVI. bajo el mandato de Felipe II (Calle del Rey, Calle de la Princesa, Calle de Media Luna, Calle del Mallo, etc.) completándose a lo largo del reinado de Felipe III (Calle de la Montaña, Calle del Embarque, Calle de Berruga, etc.). Estas actuaciones terminan en cuanto a trazados generales y recuperaciones en el reinado de Carlos III (Calle de San Isidro, Calle del Cortijo, Calle de Colmenar, etc.).

El entramado de los Paseos se diseñó partiendo de la zona de Pico-Tajo, donde la traza se circunscribió al espacio entre los cauces que en esa época tenían los ríos Tajo y Jarama y tomando como puntos de referencia los puentes que hubo para cruzarlos, siguiendo leyes de simetría y proporcionalidad se extendió hacia el Este originando la plaza de las Doce Calles y continuando más allá hasta la presa del Embocador.

Del sotobosque original aún se conservan las formaciones vegetales más próximas al cauce como especies arbóreas como el álamo y el fresno acompañadas por un rico estrato arbústivo y herbáceo entre los que destacan los sauces, tarayes, rosales silvestres, majuelos, zarzamoras…

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